Psicología sexual · Abril 2026

¿Por qué excita el dolor?
La psicología del sadismo
y masoquismo sexual

El dolor y el placer comparten más territorio en el cerebro de lo que la mayoría imagina. Entender por qué a algunas personas les excita dar o recibir dolor no requiere recurrir a la psicopatología — requiere leer la investigación.

Como sexólogo e investigador, una de las preguntas que recibo con más frecuencia es alguna variante de: "¿es normal que me excite esto?" La respuesta, casi siempre, es sí — y el sadismo y masoquismo sexual no es una excepción.

Joyal, Cossette y Lapierre (2015) analizaron las fantasías sexuales de 1.516 adultos de población general y encontraron que entre el 20 y el 30% había tenido fantasías relacionadas con el sadismo o el masoquismo en algún momento de su vida. No estamos hablando de una minoría marginal ni de una curiosidad clínica: es un fenómeno estadísticamente frecuente.

Pero ¿qué hay detrás? ¿Por qué el dolor, en determinados contextos, puede ser placentero? Un estudio publicado en The Journal of Sex Research analizó los testimonios de 227 practicantes de masoquismo y sumisión con al menos seis meses de experiencia. Sus hallazgos revelan tres motivaciones principales — y ninguna de ellas es "patológica".

Tres razones por las que el dolor puede ser excitante

Labrecque, Potz, Larouche y Joyal (2020) identificaron dieciséis temas en los testimonios de los participantes, que se agrupaban en torno a tres motivaciones fundamentales. Las presento aquí en orden de frecuencia.

1. El intercambio de poder (46% de participantes)

La motivación más frecuente no es el dolor en sí: es lo que el dolor representa dentro de una dinámica de dominio y sumisión. Casi la mitad de los participantes describía la excitación como vinculada al acto de ceder el control — o de tomarlo — frente a otra persona.

Esto puede manifestarse como restricción física voluntaria, juego de roles de autoridad, o simplemente la experiencia de confiar plenamente en alguien. Lo que los participantes describían no era tanto "me excita que me duela" sino "me excita la calidad de la relación de confianza que hace posible este momento". El dolor es el vehículo; el poder compartido es el destino.

Nota metodológica: El 46% corresponde a los participantes que identificaron el intercambio de poder como motivación primaria, sin que ello excluya la presencia simultánea de otras motivaciones en el mismo individuo. Los grupos no son mutuamente excluyentes.

2. La experiencia del dolor como sensación propia (~33% de participantes)

Para una tercera parte de los participantes, la motivación central era la sensación física en sí. Pero aquí aparece una distinción crucial que los propios practicantes articulaban con precisión: hay un "buen dolor" — el que ocurre en el contexto erótico, con control y consentimiento — y un "mal dolor", el cotidiano e involuntario.

No se trata simplemente de umbral del dolor elevado. Se trata de contexto. El mismo estímulo físico es procesado de forma radicalmente diferente dependiendo de si la persona lo eligió, si confía en quien lo provoca y si tiene control sobre la situación. Lo que hace que el dolor sea placentero no es su intensidad, sino su marco relacional y simbólico.

Esto tiene correlato neurocientífico: en contextos de excitación sexual, la liberación de endorfinas y oxitocina modula la percepción del dolor de forma muy diferente a como lo hace en situaciones de amenaza o accidente.

3. Los estados alterados de conciencia (~25% de participantes)

Para una cuarta parte de los participantes, el objetivo no era el poder ni el dolor en sí, sino lo que estos producían: un estado mental alterado que describían como trance, flotación, euforia o desconexión. Un estado al que en la comunidad BDSM se conoce coloquialmente como subspace.

Este estado guarda similitudes funcionales con la meditación profunda o con los estados de flow descritos por Csikszentmihalyi: la persona se desconecta del ruido mental habitual, deja de pensar en el trabajo pendiente o en la lista de tareas, y experimenta una presencia radical en el momento.

Que algunas personas utilicen el sadomasoquismo como vía hacia estados meditativos o de relajación profunda no es paradójico si entendemos que lo que hace el cuerpo en esos momentos — liberar endorfinas, activar el sistema parasimpático tras el estímulo, inducir un estado de hiperconcentración sensorial — es, neurológicamente, bastante parecido a lo que hace durante otras formas de práctica contemplativa intensa.

¿Quiénes practican BDSM? Lo que dice la investigación sobre su perfil psicológico

Una de las ideas más persistentes sobre el BDSM es que quien lo practica debe tener algún trauma, problema psicológico o historia de abuso. La investigación sistemática no apoya esta conclusión.

Wismeijer y van Assen (2013) compararon a 902 practicantes de BDSM con 434 personas del grupo control utilizando medidas validadas de personalidad (Big Five), estilos de apego y bienestar subjetivo. Los resultados fueron consistentes y en una dirección inesperada para quien parte del prejuicio: los practicantes de BDSM mostraban, en promedio, menor neuroticismo, mayor apertura a nuevas experiencias, mayor extroversión, mayor conciencia y menor sensibilidad al rechazo que el grupo control. Su bienestar subjetivo era también significativamente mayor.

Los autores concluyen que el BDSM consensuado debería entenderse más como una forma de ocio y recreación que como la expresión de procesos psicopatológicos. Esta conclusión ha sido replicada en revisiones posteriores que analizan décadas de literatura sobre el tema.

¿Hay diferencia entre tener fantasías y practicarlo? Sí, y es importante. Joyal et al. (2015) distinguen entre interés (haber tenido la fantasía), deseo (querer llevarlo a cabo) y práctica real. La mayoría de las personas que tienen fantasías sadomasoquistas nunca las llevan a cabo — y eso también es completamente normal. La fantasía y la práctica no son equivalentes ni la una implica la otra.

La exploración no requiere llegar al extremo

Una de las motivaciones más frecuentes en el sadomasoquismo es el intercambio de poder — la dinámica de quien cede el control y quien lo toma. Esa dinámica, en versiones más suaves, está presente en cualquier relación erótica que se base en la confianza y la comunicación.

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Lo que la gente suele preguntarse

Sí. Entre el 20 y el 30% de la población general ha tenido fantasías relacionadas con el sadismo o el masoquismo en algún momento (Joyal, Cossette y Lapierre, 2015). La excitación ante el dolor controlado y consensuado no es un indicador de patología — es un fenómeno estadísticamente frecuente.

Los propios practicantes describen el dolor en contexto erótico como cualitativamente diferente al dolor cotidiano. El contexto, el consentimiento, el control sobre la situación y la confianza en la otra persona transforman por completo la experiencia fisiológica. No es que no duela — es que el significado de ese dolor es radicalmente distinto.

No, según la evidencia disponible. Wismeijer y van Assen (2013) encontraron que los practicantes de BDSM mostraban menor neuroticismo, mayor apertura a la experiencia y mayor bienestar subjetivo que el grupo control. La investigación sistemática no apoya la asociación entre BDSM consensuado y psicopatología.

Según Labrecque et al. (2020), la motivación más frecuente — presente en el 46% de los participantes — es el intercambio de poder interpersonal: la dinámica de dominio y sumisión, la restricción física voluntaria y la confianza profunda que todo ello requiere. El dolor, en muchos casos, es el vehículo y no el fin en sí mismo.

No necesariamente. Joyal et al. (2015) distinguen entre tener el interés (fantasía), desear practicarlo y practicarlo realmente. Muchas personas con fantasías sadomasoquistas nunca las llevan a cabo y están perfectamente satisfechas con ello. La fantasía y la práctica no son equivalentes.

Referencias

  1. Joyal, C. C., Cossette, A., y Lapierre, V. (2015). What exactly is an unusual sexual fantasy? The Journal of Sexual Medicine, 12(2), 328–340. https://doi.org/10.1111/jsm.12734
  2. Labrecque, F., Potz, A., Larouche, É., y Joyal, C. C. (2020). What Is So Appealing About Being Spanked, Flogged, Dominated, or Restrained? Answers from Practitioners of Sexual Masochism/Submission. The Journal of Sex Research, 58(4), 409–423. https://doi.org/10.1080/00224499.2020.1767025
  3. Wismeijer, A. A. J., y van Assen, M. A. L. M. (2013). Psychological characteristics of BDSM practitioners. The Journal of Sexual Medicine, 10(8), 1943–1952. https://doi.org/10.1111/jsm.12192