La mayoría de las listas de retos que hay por ahí fallan por lo mismo: no dicen cuánto dura, no ponen ninguna regla y no suben de intensidad. Aquí hay 1.080 retos escritos por un sexólogo, ordenados en tres niveles y repartidos por un tablero que decide qué toca en cada casilla.
Buscad "retos para parejas" y encontraréis cientos de listas gratuitas. Casi todas están escritas igual: una orden de cuatro palabras que nombra una parte del cuerpo y una acción. "Chúpale las tetas." "Quítate la ropa." "Dile algo guarro al oído."
El problema no es que sean explícitas. El problema es que no queda nada que desear. Ahí está dicho todo: qué se hace, a quién y con qué. No hay escena, no hay espera, no hay ninguna regla que se pueda cumplir mal. Es una lista de tareas, y una lista de tareas es exactamente lo contrario del deseo.
Comparad la misma intención escrita de las dos maneras.
"Chúpale las tetas."
Tres palabras. Se ejecuta en cinco segundos, sin mirarse a la cara, y después no ha pasado nada que contar.
"Pídele a tu pareja que se quede en topless, que cierre los ojos y que adivine la palabra que le vas a escribir en el pecho con tu lengua. A partir de este momento solo tú puedes seguir leyendo. ¿Estamos tú y yo a solas? Bien, la palabra es amor."
Hay un secreto que solo conoce uno de los dos, unos ojos cerrados, algo que adivinar y una palabra que no se esperaba. El acto físico es el mismo. Lo que cambia es todo lo demás.
"Quítate la ropa."
Desnudarse por orden y sin motivo. Ni siquiera hay a quién mirar, porque no se ha construido nada antes.
"Poned las linternas de los móviles encendidas al pie de una ventana y apagad todas las luces de la habitación. Asómate a ella mientras haces un striptease hasta quedar desnudo o desnuda. Aguanta diez segundos. No te vuelvas a vestir."
La misma ropa acaba en el suelo, pero con una habitación a oscuras, una luz que recorta la silueta, diez segundos que se hacen eternos y una prohibición al final. Eso ya no se olvida al día siguiente.
"Dile algo guarro al oído."
Deja escapar a quien lo lee. Se suelta un lugar común, sin mirar a nadie, y la cosa se cierra sola. La vergüenza siempre encuentra la salida cómoda si se la dejas abierta.
"¿Sabes lo que quieres pero nunca lo pides? Hoy cambia eso. Dile a tu pareja una cosa que te gustaría que te hiciera. Algo real, algo que llevas tiempo guardando. En voz alta, sin rodeos y mirándoos a los ojos. Tu pareja escucha sin interrumpir. Si alguno baja la mirada antes de terminar... repite la frase."
Aquí no hay escapatoria: pide algo real, obliga a sostener la mirada, prohíbe interrumpir y penaliza el escaqueo repitiendo. Ya no es hablar sucio, es decir algo verdadero en voz alta, que cuesta muchísimo más.
Ninguno de los tres retos de la derecha es más suave que el de la izquierda. Al contrario: piden bastante más. Lo que tienen es una escena, una regla y algo que se puede perder, que son las tres cosas que convierten una instrucción en un momento.
Escribir eso lleva tiempo. Por eso las listas gratuitas están llenas de órdenes de cuatro palabras: son las que se pueden producir a cientos sin pensar ninguna.
Cualquiera sabe qué se puede hacer en la cama. Lo difícil es escribir el momento que lleva hasta ahí.
Mucha gente busca "retos picantes" y mucha otra busca "retos sexuales", y casi siempre quieren cosas distintas. Un reto picante juega con la insinuación, la ropa y el contacto. Un reto sexual da instrucciones sobre el sexo sin rodeos. El problema de las listas de internet es que mezclan los dos sin avisar, así que o te aburres o te asustas.
Aquí eso está resuelto antes de empezar: se elige el nivel, y dentro de cada nivel los retos escalan del primero al último. Nadie se encuentra de golpe con algo que no esperaba.
Contacto, complicidad y algo de descaro. Funciona con ropa puesta y sirve para grupos que no se conocen tanto.
"Piensa un lugar de tu cuerpo donde te gustaría que tu pareja te besara. No lo digas. Con claves del tipo frío o caliente debe encontrar el lugar exacto."
Aquí empieza lo explícito, pero con escena y con regla. Es el nivel más jugado y el que mejor equilibra tensión y risa.
"Hay besos que se dan con prisa y besos que se dan con intención. Este es de los segundos. Desnudaos el uno al otro y besaos apasionadamente. Sin distracciones, sin prisas. Solo vosotros dos."
El nivel más alto, con retos largos y mecánicas que se extienden más allá de una sola carta. Está en escritura y todavía no se puede seleccionar en el juego.
El verdad o reto de toda la vida tiene una virtud enorme, que es que no necesita nada, y un defecto igual de grande: los retos los inventa quien tiene el turno. Eso significa que dependen de su imaginación, de su vergüenza y de lo que se atreva a pedir delante del resto.
En la práctica pasan siempre las mismas dos cosas. O alguien se pasa de frenada y deja a otro incómodo sin querer, o nadie se atreve a subir y la partida se apaga en diez minutos. Y la persona que menos se atreve acaba marcando el techo de todo el grupo sin haberlo dicho en voz alta.
Tener los retos escritos de antemano quita ese peso de encima. Nadie tiene que pedir nada: el juego lo pide por ti, y el nivel se ha acordado antes entre todos. Si lo que buscáis es hablar en vez de hacer, eso es un juego de preguntas para parejas, y funciona con otras reglas.
Mi Turno no es una lista de retos eróticos que salen en orden aleatorio. Es un tablero de 60 casillas, y cada casilla determina de qué tipo de fantasía va el reto que toca.
De dos a ocho jugadores, en pareja o en grupo. El contenido se adapta a la composición: hay seis versiones distintas del juego según quién esté jugando, sin dar por hecho el género, la orientación ni el tipo de relación.
Los retos están clasificados en las cuatro dimensiones del deseo que identificó Glenn Wilson: íntimas, exploratorias, impersonales y de dominación. Cada casilla del tablero pertenece a una, así que la partida no se queda encallada en un solo registro. Podéis leer la base teórica en las cuatro fantasías de Wilson.
Dentro de cada tipo de fantasía, los quince retos están ordenados de menor a mayor. La partida empieza suave y termina donde vosotros hayáis decidido llegar al elegir el nivel.
Un solo dispositivo que va pasando de mano en mano. Sin descargas, sin identificarte, sin complicaciones.
Los 1.080 retos están escritos por el Dr. Pablo Vallejo-Medina, doctor en Psicología por la Universidad de Granada y profesor universitario especializado en sexología. No es una firma decorativa: es lo que permite que la escalada tenga criterio clínico y no sea una lista ordenada a ojo.
Eso se nota en cosas concretas. En que el consentimiento está dentro de la mecánica y no en un aviso legal al principio. En que el juego es inclusivo de verdad, sin asumir quién está jugando con quién. Y en que la progresión de intensidad respeta cómo funciona realmente la excitación, que no es una línea recta hacia arriba.
Si os interesa el fundamento, está explicado en juegos eróticos con base científica y en cómo hablar de límites antes de jugar.
La cata abre el tablero real y os da un reto de cada una de las cuatro fantasías, en el nivel que elijáis. Sin pagar y sin dar ningún dato.
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Por jugador y partida · Acceso inmediato · Sin descargas
Uno que dice exactamente qué hacer, durante cuánto tiempo y con qué regla. Un reto sin condición no es un reto, es una sugerencia: se cumple de cualquier manera y no pasa nada. La regla es lo que crea la tensión, y el tiempo es lo que impide despacharlo en tres segundos.
En la intensidad, no en el tema. Un reto picante juega con la insinuación, la ropa y el contacto; un reto sexual explícito da instrucciones sobre el sexo directamente. En Mi Turno esa diferencia está ordenada en tres niveles, que se eligen antes de empezar, así que nadie se encuentra de golpe con algo que no esperaba.
No. En el verdad o reto clásico los retos los improvisa quien tiene el turno, así que dependen de su imaginación y de su prudencia, y casi siempre acaban repitiéndose o quedándose cortos. Aquí los retos están escritos de antemano, ordenados por intensidad y repartidos por un tablero que decide qué tipo de fantasía toca en cada casilla.
Casi ninguno. La mayoría se resuelve con lo que hay en cualquier casa: una venda o un pañuelo, una prenda de ropa, el móvil, algo de beber. Los que piden algo concreto lo dicen al principio del reto para que dé tiempo a buscarlo.
Mi Turno está pensado para jugarse en el mismo sitio, porque muchos retos implican contacto. Si estáis en ciudades distintas, en la guía de juegos para parejas a distancia están las opciones que sí funcionan por videollamada.
Hay 1.080 retos originales. Cada partida usa 60 casillas y el contenido se adapta a la configuración del grupo, así que hay seis versiones distintas según quién juegue y en qué nivel. Repetir partida no significa repetir retos.