Próximamente · Prototipo jugable
Cada uno calibra su nivel en silencio. El grupo se sincroniza.
Un juego íntimo de provocaciones para parejas y grupos. Sin observadores, sin obligaciones, sin tener que decir “no” en voz alta — basta con puntuar más bajo.
Una mecánica simple, diseñada para proteger al participante más cauto y dejar que la profundidad emerja por consenso.
En silencio, en privado, sin que nadie vea tu valor. Mueves el dial al nivel de exposición que aceptas hoy.
Cuando todos confirman, un algoritmo de consenso calcula el nivel del grupo a partir de las puntuaciones de todos.
Subir el nivel o mantenerlo — decisión privada, el grupo se vuelve a sincronizar. No se puede bajar: solo crece.
El nivel del juego se calcula a partir de las puntuaciones de todos los jugadores: quien menos quiere arriesgar pesa más en la sincronización, sin que ello obligue a nadie a verbalizar un “no”.
Así el consentimiento es silencioso, granular y reversible: se ejerce calibrando, no negociando en voz alta delante del resto.
Las provocaciones se agrupan en cinco bandas de exposición creciente. La intensidad no se mide en morbo, sino en cuánto te muestras.
Estética, lenguaje corporal, deseo inmediato. Riesgo emocional bajo. Lo que hoy querrías mirar, sin más implicación que el ojo.
Memoria erótica, dinámica de pareja, pequeñas negociaciones. Provocaciones que tocan lo vivido sin pedir todavía nada nuevo.
Límites de los que estás orgulloso/a, inseguridades, lo que no se ha contado del todo. La intimidad empieza cuando se enseña la grieta.
Lo que no te has atrevido a pedir en voz alta. La provocación no obliga a hacerlo: te invita a ponerle palabras delante del otro.
Confianza plena, exposición total. Lo que se reveló en bandas bajas es ahora el material de la acción. Solo se llega aquí por consenso explícito.
Diseñado para parejas y grupos que quieren explorar sin guion, con una herramienta que respeta al participante más cauto en cada paso.
Las que llevan tiempo y notan que ciertas conversaciones nunca se inician. El juego abre la puerta sin que nadie tenga que ser el primero en empujarla.
De 3 a 8 personas con confianza previa. El algoritmo de consenso protege al más cauto, y la tensión grupal añade una dimensión que no existe en pareja.
Sin asunciones de género, orientación o tipo de relación. Las provocaciones están redactadas para no presuponer roles ni dinámicas concretas.
Aquí el consentimiento no es una casilla que se marca al inicio: es la mecánica misma del juego, revisada a cada paso.
El prototipo está abierto. La mecánica funciona; las provocaciones llegan pronto.